Mi punto de enunciación…
Nací en la hegemonía blanca, actualmente de clase media, de lo que construimos como “Norte”. Me nombro desde ahí porque aunque no quiera es desde ahí que construí mi “yo”. Más bien diría, que desde ahí construí ese yo individual que llevaba implícito una ”no aceptación de la diferencia”. ¡Extraña paradoja la construcción de nuestras identidades “occidentales” en realidades homogeneizantes!
Sin embargo pronto me convertí en una inmigrante de “lo universal”. No tenía cabida, porque no encajaba! Pronto me auto-expulsé a los margenes de las fronteras. En ese tiempo la frontera del ser “lesbiana”. Muchos son los procesos por los que me llevó ese transitar. Desde resignificar la expulsión que otros y otras me asignaron como parte de mi orgullo y reivindicación como “diferente”, hasta darme cuenta de la trampa del mismo “afuera” desde donde nos permitirnos construir mundos paralelos pero al final no permeables.
Hoy creo haber tomado conciencia de la ilusión de ambas propuestas.
Se que es un ilusión. No obstante, no pierde sentido para mi la voluntad por tratar de pensarme desde “afuera”; para deconstruir todo aquello que nos dijeron que era “natural”. He de aceptar que tras cada frontera aparece un nuevo horizonte y con ello otra frontera.
En el fondo, quizás es sólo una muestra más de que LAS MUJERES hemos de ser por fuerza transmutantes y estar destinadas a vagar entre múltiples fronteras.
Me invito pues a mi nomadismo para construirme y reflexionar siempre que pueda desde las fronteras, las de los otros y otras, y las mías propias…

